sábado, 23 de julio de 2022

Los Enemigos del Aprendizaje

Dentro del estudio del Coaching, en las competencias que se deben estudiar, hay una que me llama poderosamente la atención. De hecho, de mi certificación cómo Coach Ontológico, la primera clase y la que más recuerdo, es la que habla de los Enemigos del Aprendizaje: esta clase de enemigos no son los enemigos en la definición popular, sino que estos enemigos son aquellos que se oponen a uno.

En este contexto, este enemigo se ve como un opositor, un oponente, alguien que hace lo que esté a su alcance para evitar que logremos nuestros objetivos. Para el caso que tiene que ver con este espacio, vamos a hablar de Opositores al Aprendizaje.

Definido esto, los oponentes al aprendizaje se presentan ante nosotros no cómo factores externos, sino que se vienen como factores internos: acepto que muchos de estos factores están influenciados por elementos externos los cuales, en muchas ocasiones, son ajenos a nuestro control: lugar de nacimiento, padres, ambiente, condiciones socioeconómicas, etc.; todo esto crea en cada uno una idiosincrasia común, por ejemplo ser colombiano, y una personalidad propia (tímido, malgeniado, extrovertido, amable). Alí, en esa mezcla precisa de idiosincrasia y personalidad, se crea un mundo complejo, con sus Ángeles y Demonios

Los factores internos son los que, en ocasiones, nos impiden aprender. Son nuestros Oponentes: somos nuestro propio oponente.

II

El sabotaje es un proceso por el cual se realiza una modificación, destrucción, obstrucción o cualquier intervención en una operación ajena, con el propósito de obtener algún beneficio para uno mismo o un perjuicio intencionado. Auto-sabotaje es entonces aplicar un perjuicio en nuestra propia persona. ¿Cómo es ese auto-sabotaje? Aparece de muchas maneras, entre ellas decirnos palabras destructivas o lesivas para nuestra propia capacidad: “Yo soy malo para las matemáticas”, menospreciarnos: “Yo no soy tan inteligente” o de tajo: “Yo no soy capaz”. El auto-sabotaje, por lo general está acompañado de la incapacidad de accionar o de llevar cosas a cabo. Lo que muchas personas llaman pereza, por ejemplo, está traspasado por muchos elementos: miedo al fracaso, miedo al éxito, falta de confianza, exceso de confianza. Estas acciones y otras llevan a que siempre estemos dando un toque de auto-sabotaje en nuestra vida y además, ese acto nos lleva a la Profecía Autocumplida: “ves, te lo dije: no soy capaz”, apareciendo un elemento fundamental de nuestra experiencia de vida: el sesgo de confirmación. Muchos de nuestros actos fallidos, producto del auto-sabotaje, confirman lo que para nuestros oídos es una verdad irrefutable: nuestra incapacidad de hacer o en este caso, de aprender.

 

III

El aprendizaje desde el coaching, lleva un elemento adicional a la mera adquisición de conocimiento: el accionar. Cuando en nuestra vida incorporamos un conocimiento y lo ponemos en práctica, ejercemos una profesión o un arte: ser financiero, músico, futbolista… Del aprendizaje que nos estamos ocupando en este espacio es del aprendizaje que nos lleva a trascender. Ese trascender, cómo caminar hacia algo más elevado se consigue desde el aprendizaje. Llegados a este punto, vamos a analizar los opositores a aprender que podemos llegar a tener.

1.       La zona de Confort: Es ese lugar maravilloso donde nos encontramos felices, donde todo es perfecto y estamos bien. En la zona de confort, están sus aliados, como el “no necesito aprender más”, el “así estoy bien” y el “¿Si todo funciona, para que lo vamos a cambiar?” Afuera de La zona de confort está la zona de expansión, donde tenemos que evolucionar para poder romper con las viejas ideas que nos impiden dar el paso hacia adelante: la zona de confort son esos cinco minutos más en la cama (que a veces se vuelven media hora), es preferir la novela a las diez páginas del libro y el postrecito, porque es pequeñito y no me hace daño, que salir a caminar treinta minutos.


el   "...no reconocernos cómo seres incompletos, que podemos aspirar a aprender y, sobre todo, que nos podemos dejar enseñar, que podemos salir del espacio de ignorancia que habitamos para ir a por el nuevo conocimiento, es lo que yo hoy llamo falta de humildad."


2.       El miedo: ¿A qué tenemos miedo? Los únicos miedos naturales del hombre son dos y solo dos: a la oscuridad y a los ruidos fuertes. Tenemos entonces muchos miedos que no deberíamos de cargar: a equivocarnos, a no ser aceptados, a no caer bien. Esos miedos nos detienen al momento de querer aprender, nos impiden ir más allá: decir “no se” en la época actual, donde el conocimiento está al alcance de nuestras manos, en la época de los opinómetros de profesión e intelectuales de redes sociales, es ponerse una sentencia, un INRI pesado de llevar. El miedo a decir “no se” es uno de mis opositores favoritos: luché con el miedo a “no saber”, como si estuviera obligado a saberlo todo. El “no saber” es un acto maravilloso, que nos saca del acto arrogante de creer saberlo todo y perder la oportunidad de aprender nuevas cosas. El miedo social, el que nos impide aprender, es uno de mis oponentes favoritos. A veces me propone dejarle tomar las riendas, sin embargo, ahí vamos en la lucha


Image by Gerd Altmann from Pixabay


3.       La negación: es que es más fácil decir “No necesito más” que decir “quiero más”. Porque el “Quiero más” implica algo que es doloroso como un parto: el niño al nacer llora porque siente frío, porque ya no está seguro, nadando en líquido amniótico y parasitando la madre. Ahora debe respirar por si mismo, tendrá que esperar los horarios de alimentación, el sentirse sucio, el tener que empezar a sobrevivir en un lugar hostil. El salir de la zona de confort, el ir hacia la zona de expansión, allá dónde hay que aprender nuevas cosas, es tanto o más doloroso de lo que pensamos. Es un renacer: es un parto. El bebé no tiene otra opción. Nosotros sí y cómo tenemos opciones nos evitamos el dolor, nos evitamos el sentir frío, hambre, el tener que valernos de maneras diferentes y entonces, el miedo nos paraliza. Recuerdan lo que dije hace unos minutos: Los únicos miedos naturales del hombre, son dos y solo dos: a la oscuridad y a los ruidos fuertes. Lo demás son excusas para no hacer las cosas, para no accionar y completar el proceso de aprendizaje: No necesito más, para que si así estoy bien. Nos negamos a la posibilidad que podemos ir por más, que estamos bien pero que podemos estar mejor.

4.       La Falta de humildad. Y entonces César, ¿Qué es humildad? Desde siempre en nuestra cultura latina, influenciada fuertemente por los preceptos católicos, la humildad la asociamos con pobreza y la pobreza con el premio definitivo del más allá. Por eso, el concepto de humildad en algunas ocasiones se convierte en una carta comodín que nos saca de cualquier embrollo: “Tan bella esa persona, cómo es de humilde” para referirnos a alguien bondadoso, amable, silente. “¡Sea humilde!” se le dice a alguien que no reconoce sus errores y encima es grosero. Para esta ocasión consulté varias definiciones de humildad y varias apuntan a lo mismo y es esta: “virtud humana atribuida a quien ha desarrollado conciencia de sus propias limitaciones y debilidades, y obra en consecuencia” Es entonces decir que, la persona humilde es aquella que reconoce que es un ser falible, que le faltan conocimientos y que puede aspirar, mediante el estudio, la lectura y la escucha el aprender cosas y salir de ese estado de ignorancia que puede ser de varias clases: reconocer lo que no se sabe(sé que no sé) y desconocer que algo no se sabe (no sé qué no se). Desde que se tenga la suficiente valentía de reconocer que no sabemos y que podemos aprender, estaremos actuando con humildad. Lo contrario, el no reconocernos cómo seres incompletos, que podemos aspirar a aprender y, sobre todo, que nos podemos dejar enseñar, que podemos salir del espacio de ignorancia que habitamos para ir a por el nuevo conocimiento, es lo que yo hoy llamo falta de humildad. En el contexto lingüístico, lo contrario a la humildad es la soberbia.

 
Y entonces ¿qué hacer para derrotar a estos oponentes? Hay varios caminos, que todos empiezan en un mismo lugar: el deseo de cambiar algo, de mejorar un aspecto de nuestra vida. Si cada año es el mismo transcurrir de la vida, si no pasa nada nuevo, si como dicen los abuelos: “La misma barca, atravesando el mismo río” y ya no se quiere más de lo mismo, ahí está nuestro deseo. El deseo es la cuota inicial de esa nueva vida, es nuestra motivación. La motivación, a su vez no es suficiente: se debe acompañar de la fuerza de voluntad, la persistencia, constancia y disciplina de hacer las cosas. Haga una prueba que es más una invitación: camine todos los días por 30 minutos: la caminata para el trabajo no cuenta. Camine 30 minutos, solo eso sin faltar ninguno de los días durante 30 días. Así se dará cuenta si se es una persona constante o no: adicional ganará el beneficio de la mejorar su salud y de paso bajará esos kilos de más. Solo eso le pido.
En esta parte quiero que preste mucha atención, es la parte más importante de este podcast: Debe estar preparado para fallar y debe abrazar esa falla como suya, como parte de su proceso hacia afuera de su zona de confort, hacia la zona de expansión y aprendizaje: lo van a asaltar las dudas, el cansancio, la desesperanza. Tenga una buena dosis de temple y de tolerancia al fracaso. Este camino no es lineal. Tiene sus altas y sus bajas. Prepárese a que Instagram lo llame. Prepárese porque viene la maratón de su serie favorita, la novela o El Desafío The Box. No estoy diciendo (ya lo dije en otro espacio) que no lo haga: hágalo si, pero con moderación. Entendido este punto empezará a aparecer en la vida algo que antes no estaba: conciencia. Cuando esta aparece llegan poderosos aliados a auxiliarlo en la batalla que está librando: usted no está solo. Tiene a la conciencia, la humildad, el deseo, la constancia de su parte. Ellos están ahí siempre que los invoque. El aprendizaje siempre que se siga el camino de la constancia, el consejo de la humildad, la fuerza del deseo y la disciplina, traerán a su vida cómo premio máximo a la Sabiduría. No como un anciano de barbas largas, sino cómo esa capacidad de emprender proyectos nuevos y de encarar cada nuevo camino con esperanza. 

El aprendizaje está al día de hoy, a la mano de todos (de hecho, en este momento quizá lo tenga en sus manos o en su bolsillo): úselo.

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