Dentro del estudio del Coaching, en las
competencias que se deben estudiar, hay una que me llama poderosamente la
atención. De hecho, de mi certificación cómo Coach Ontológico, la primera clase
y la que más recuerdo, es la que habla de los Enemigos del Aprendizaje: esta
clase de enemigos no son los enemigos en la definición popular, sino que estos
enemigos son aquellos que se oponen a uno.
En este contexto, este enemigo se ve como un opositor,
un oponente, alguien que hace lo que esté a su alcance para evitar que logremos
nuestros objetivos. Para el caso que tiene que ver con este espacio, vamos a
hablar de Opositores al Aprendizaje.
Definido esto, los oponentes al aprendizaje se
presentan ante nosotros no cómo factores externos, sino que se vienen como factores
internos: acepto que muchos de estos factores están influenciados por elementos
externos los cuales, en muchas ocasiones, son ajenos a nuestro control: lugar
de nacimiento, padres, ambiente, condiciones socioeconómicas, etc.; todo esto
crea en cada uno una idiosincrasia común, por ejemplo ser colombiano, y una
personalidad propia (tímido, malgeniado, extrovertido, amable). Alí, en esa
mezcla precisa de idiosincrasia y personalidad, se crea un mundo complejo, con
sus Ángeles y Demonios
Los factores internos son los que, en
ocasiones, nos impiden aprender. Son nuestros Oponentes: somos nuestro propio
oponente.
II
El sabotaje es un proceso por el cual se
realiza una modificación, destrucción, obstrucción o cualquier intervención en
una operación ajena, con el propósito de obtener algún beneficio para uno mismo
o un perjuicio intencionado. Auto-sabotaje es entonces aplicar un perjuicio en
nuestra propia persona. ¿Cómo es ese auto-sabotaje? Aparece de muchas maneras,
entre ellas decirnos palabras destructivas o lesivas para nuestra propia
capacidad: “Yo soy malo para las matemáticas”, menospreciarnos: “Yo no soy tan
inteligente” o de tajo: “Yo no soy capaz”. El auto-sabotaje, por lo general está
acompañado de la incapacidad de accionar o de llevar cosas a cabo. Lo que
muchas personas llaman pereza, por ejemplo, está traspasado por muchos
elementos: miedo al fracaso, miedo al éxito, falta de confianza, exceso de
confianza. Estas acciones y otras llevan a que siempre estemos dando un toque
de auto-sabotaje en nuestra vida y además, ese acto nos lleva a la Profecía
Autocumplida: “ves, te lo dije: no soy capaz”, apareciendo un elemento
fundamental de nuestra experiencia de vida: el sesgo de confirmación. Muchos de
nuestros actos fallidos, producto del auto-sabotaje, confirman lo que para
nuestros oídos es una verdad irrefutable: nuestra incapacidad de hacer o en
este caso, de aprender.
III
El aprendizaje desde el coaching, lleva un
elemento adicional a la mera adquisición de conocimiento: el accionar. Cuando
en nuestra vida incorporamos un conocimiento y lo ponemos en práctica,
ejercemos una profesión o un arte: ser financiero, músico, futbolista… Del
aprendizaje que nos estamos ocupando en este espacio es del aprendizaje que nos
lleva a trascender. Ese trascender, cómo caminar hacia algo más elevado se
consigue desde el aprendizaje. Llegados a este punto, vamos a analizar los
opositores a aprender que podemos llegar a tener.
1.
La
zona de Confort: Es ese lugar maravilloso donde nos encontramos felices, donde
todo es perfecto y estamos bien. En la zona de confort, están sus aliados, como
el “no necesito aprender más”, el “así estoy bien” y el “¿Si todo funciona,
para que lo vamos a cambiar?” Afuera de La zona de confort está la zona de
expansión, donde tenemos que evolucionar para poder romper con las viejas ideas
que nos impiden dar el paso hacia adelante: la zona de confort son esos cinco
minutos más en la cama (que a veces se vuelven media hora), es preferir la
novela a las diez páginas del libro y el postrecito, porque es pequeñito y no
me hace daño, que salir a caminar treinta minutos.
el "...no reconocernos cómo seres incompletos, que podemos aspirar a aprender y, sobre todo, que nos podemos dejar enseñar, que podemos salir del espacio de ignorancia que habitamos para ir a por el nuevo conocimiento, es lo que yo hoy llamo falta de humildad."
2.
El
miedo: ¿A qué tenemos miedo? Los únicos miedos naturales del hombre son dos y
solo dos: a la oscuridad y a los ruidos fuertes. Tenemos entonces muchos miedos
que no deberíamos de cargar: a equivocarnos, a no ser aceptados, a no caer
bien. Esos miedos nos detienen al momento de querer aprender, nos impiden ir
más allá: decir “no se” en la época actual, donde el conocimiento está al
alcance de nuestras manos, en la época de los opinómetros de profesión e
intelectuales de redes sociales, es ponerse una sentencia, un INRI pesado de
llevar. El miedo a decir “no se” es uno de mis opositores favoritos: luché con
el miedo a “no saber”, como si estuviera obligado a saberlo todo. El “no saber”
es un acto maravilloso, que nos saca del acto arrogante de creer saberlo todo y
perder la oportunidad de aprender nuevas cosas. El miedo social, el que nos
impide aprender, es uno de mis oponentes favoritos. A veces me propone dejarle
tomar las riendas, sin embargo, ahí vamos en la lucha
3.
La
negación: es que es más fácil decir “No necesito más” que decir “quiero más”. Porque
el “Quiero más” implica algo que es doloroso como un parto: el niño al nacer
llora porque siente frío, porque ya no está seguro, nadando en líquido
amniótico y parasitando la madre. Ahora debe respirar por si mismo, tendrá que
esperar los horarios de alimentación, el sentirse sucio, el tener que empezar a
sobrevivir en un lugar hostil. El salir de la zona de confort, el ir hacia la zona
de expansión, allá dónde hay que aprender nuevas cosas, es tanto o más doloroso
de lo que pensamos. Es un renacer: es un parto. El bebé no tiene otra opción.
Nosotros sí y cómo tenemos opciones nos evitamos el dolor, nos evitamos el
sentir frío, hambre, el tener que valernos de maneras diferentes y entonces, el
miedo nos paraliza. Recuerdan lo que dije hace unos minutos: Los únicos
miedos naturales del hombre, son dos y solo dos: a la oscuridad y a los ruidos
fuertes. Lo demás son excusas para no hacer las cosas, para no accionar y
completar el proceso de aprendizaje: No necesito más, para que si así estoy
bien. Nos negamos a la posibilidad que podemos ir por más, que estamos bien pero
que podemos estar mejor.
4.
La
Falta de humildad. Y entonces César, ¿Qué es humildad? Desde siempre en nuestra
cultura latina, influenciada fuertemente por los preceptos católicos, la
humildad la asociamos con pobreza y la pobreza con el premio definitivo del más
allá. Por eso, el concepto de humildad en algunas ocasiones se convierte en una
carta comodín que nos saca de cualquier embrollo: “Tan bella esa persona, cómo
es de humilde” para referirnos a alguien bondadoso, amable, silente. “¡Sea
humilde!” se le dice a alguien que no reconoce sus errores y encima es grosero.
Para esta ocasión consulté varias definiciones de humildad y varias apuntan a
lo mismo y es esta: “virtud humana atribuida a quien ha desarrollado conciencia
de sus propias limitaciones y debilidades, y obra en consecuencia” Es entonces
decir que, la persona humilde es aquella que reconoce que es un ser falible,
que le faltan conocimientos y que puede aspirar, mediante el estudio, la
lectura y la escucha el aprender cosas y salir de ese estado de ignorancia que
puede ser de varias clases: reconocer lo que no se sabe(sé que no sé) y desconocer
que algo no se sabe (no sé qué no se). Desde que se tenga la suficiente
valentía de reconocer que no sabemos y que podemos aprender, estaremos actuando
con humildad. Lo contrario, el no reconocernos cómo seres incompletos, que
podemos aspirar a aprender y, sobre todo, que nos podemos dejar enseñar, que
podemos salir del espacio de ignorancia que habitamos para ir a por el nuevo
conocimiento, es lo que yo hoy llamo falta de humildad. En el contexto
lingüístico, lo contrario a la humildad es la soberbia.
Y entonces ¿qué hacer para derrotar a estos oponentes? Hay varios caminos, que todos empiezan en un mismo lugar: el deseo de cambiar algo, de mejorar un aspecto de nuestra vida. Si cada año es el mismo transcurrir de la vida, si no pasa nada nuevo, si como dicen los abuelos: “La misma barca, atravesando el mismo río” y ya no se quiere más de lo mismo, ahí está nuestro deseo. El deseo es la cuota inicial de esa nueva vida, es nuestra motivación. La motivación, a su vez no es suficiente: se debe acompañar de la fuerza de voluntad, la persistencia, constancia y disciplina de hacer las cosas. Haga una prueba que es más una invitación: camine todos los días por 30 minutos: la caminata para el trabajo no cuenta. Camine 30 minutos, solo eso sin faltar ninguno de los días durante 30 días. Así se dará cuenta si se es una persona constante o no: adicional ganará el beneficio de la mejorar su salud y de paso bajará esos kilos de más. Solo eso le pido.
En esta parte quiero que preste mucha atención, es la parte más importante de este podcast: Debe estar preparado para fallar y debe abrazar esa falla como suya, como parte de su proceso hacia afuera de su zona de confort, hacia la zona de expansión y aprendizaje: lo van a asaltar las dudas, el cansancio, la desesperanza. Tenga una buena dosis de temple y de tolerancia al fracaso. Este camino no es lineal. Tiene sus altas y sus bajas. Prepárese a que Instagram lo llame. Prepárese porque viene la maratón de su serie favorita, la novela o El Desafío The Box. No estoy diciendo (ya lo dije en otro espacio) que no lo haga: hágalo si, pero con moderación. Entendido este punto empezará a aparecer en la vida algo que antes no estaba: conciencia. Cuando esta aparece llegan poderosos aliados a auxiliarlo en la batalla que está librando: usted no está solo. Tiene a la conciencia, la humildad, el deseo, la constancia de su parte. Ellos están ahí siempre que los invoque. El aprendizaje siempre que se siga el camino de la constancia, el consejo de la humildad, la fuerza del deseo y la disciplina, traerán a su vida cómo premio máximo a la Sabiduría. No como un anciano de barbas largas, sino cómo esa capacidad de emprender proyectos nuevos y de encarar cada nuevo camino con esperanza.

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