En los últimos días, acá en mi país se ha venido hablando mucho acerca del tema de la paz; en el informe final de la Comisión de la Verdad, se hizo un énfasis especial en el tema que contar la verdad no puede ser usado como un instrumento de venganza. En su presentación del informe final, el Padre de Roux, hablaba justamente de eso y el presidente electo Gustavo Petro, habla siempre del perdón, cómo uno de los componentes de la búsqueda de la paz.
El perdón tiene una definición un tanto borrosa
para nosotros
No por la complejidad de lo que se promulga
allí, sino por la poca aceptación que tenemos del concepto. En la página de la
Clínica Mayo, en la sección “Estilo de vida Saludable “, trae una definición de
perdón que, en lo personal, me parece precisa para definir el fenómeno del
perdón y la idiosincrasia nuestra: “Perdonar significa diferentes cosas para
diferentes personas. Pero generalmente implica una decisión de dejar atrás el
rencor y los pensamientos sobre venganza”.
Y esto contrasta con la definición popular que
tenemos y que oímos muchas veces, en boca de familiares, amigos, compañeros de
trabajo, etc.; “Yo perdono, pero no olvido”
Ahora, el no olvidar conlleva necesariamente a
alimentar un rencor, un sentimiento de venganza, un sentimiento de que algo me
falta para terminar de estar bien. A lo largo de muchas conversaciones con diferentes
tipos de personas, ese “algo” que falta es el deseo de ver a la o las personas,
el sufrir el mismo o más dolor del que yo fui víctima. En el momento en que se
pueda configurar la venganza, se tendrá la “Paz” que esta persona requiere;
ahora quien fue víctima, ¡se convierte en victimario! Y el ciclo continua…
Una paz no se puede construir así. Y la paz no
es la que se negocia con los grupos armados, no. La paz es la que construimos
nosotros a diario: con el hermano, con el vecino, con el compañero de trabajo.
La paz se construye desde el interior de nuestro hogar.
“Perdonar significa diferentes cosas para
diferentes personas. Pero generalmente implica una decisión de dejar atrás el
rencor y los pensamientos sobre venganza”.
Para poder entonces hablar de una paz
verdadera, retomemos el tema del perdón. No hay perdón sin olvido de la afrenta
recibida, sin la posibilidad de soltar ese pasado que nos aflige (porque así lo
decidimos), hacer un borrón y cuenta nueva y seguir adelante. ¿Qué tan difícil
puede ser? Requiere de ciertos requisitos:
1. Entender lo que sucedió en su momento y comprender el contexto de dicho momento, toda vez que una acción sin contexto, carece de sentido (ya hablaremos en otro espacio de la neutralidad de los actos)
2. Comprender los motivos o los sin sentidos de la situación y cuál fue su influencia para la realización de la afrenta recibida
3. Validar con el otro (si es posible) que ocurrió y expresar el malestar que se recibió en su momento: es decir, que el otro entienda que lo que hizo fue un acto dañino.
4. Cuantificar la ofensa y el daño recibido: ¿es tan grande como se cree que es?
5. Entender que participación tuvimos y cuanta responsabilidad (por acción u omisión) de lo ocurrido puede recaer en nosotros
6. Perdonarnos a nosotros mismos
7. Perdonar y olvidar al o los causantes de dicho suceso
8. Soltar este evento, entendiendo que ya dicho evento pasó y que solo se está repitiendo en nuestra mente.
9. Empezar una nueva relación, consigo mismo, libre de ese peso que implica la Sed de Venganza que nos acompañaba
10. Si es posible, con el (los) causantes de dicho mal, empezar una relación desde el perdón, el respeto y el compromiso que situaciones similares no vuelvan a darse
Esto es parte de un trabajo de limpieza mental
que se debe hacer. Los colombianos, los humanos mejor aún, debemos trabajar
desde nuestro interior para promover una sana relación con nosotros. Sin
ataduras al pasado que nada nuevo nos puede ofrecer; el pasado no tiene nuevas
frases para decirnos. El solo sabe repetir lo que ya está escrito y adicional,
lo que queremos escuchar. Debemos tener la capacidad de escuchar otras voces,
voces del futuro que nos muestren un camino diferente.
Dentro de este trabajo de limpieza mental está
la tarea del soltar. Soltar no es más que dejar ir para tener la posibilidad de
recibir lo nuevo. Ese dolor de hace tantos años, ese anhelo al pasado porqué
“Todo tiempo pasado fue mejor”; para nosotros, es poca la posibilidad que
tienen los otros de redimirse y de cambiar: eso es lo que debemos soltar.
Escuché alguna vez que el ser humano no es consciente de su propia vida ni la
valora como es, porque tiene la idea de la inmortalidad, y siempre está
pensando en la muerte como un enemigo lejano que nunca le va a tocar; a manera
de símil, podemos comparar esa situación con la posibilidad del perdón al otro:
creemos que somos inmunes al error y que solo es una cuestión del otro. ¿Qué
creen que pasará por nuestra mente cuándo seamos nosotros los NO Perdonados?
Abramos las posibilidades de ver al otro con
misericordia: Wikipedia la define como “la disposición a compadecerse de los
sufrimientos y miserias ajenas. Se manifiesta en amabilidad, asistencia al
necesitado, especialmente en el perdón y la reconciliación.”
Se me ocurre, llegado a este punto que la falta
o la perdida de la capacidad de perdón, tiene que ver con nuestra falta de
humanidad, o al revés: hemos perdido el sentido de humanidad a tal punto que no
vemos la necesidad de perdonar. Frases cómo “Errar es humano y perdonar
Divino”, o “El Perdón lo otorga Dios”, nos han desligado, nos han quitado la
responsabilidad de incluir en nuestras vidas el regalo del perdón: ese vecino
que…, el hermano que me hizo…, mis padres que…, les pregunto a las personas que
viven con Dios en la boca (más no en el corazón): ¿Creen que Dios se va a meter
en los $50000-USD12 que esa persona no les pago y que nunca pudo perdonar por
eso? (por cierto, si esa es la situación simplemente no le vuelva a prestar
dinero a esta persona, pero deje de meter inteligencias superiores en peleas de
$50000-USD12)
“¿Qué creen que pasará por nuestra mente cuándo
seamos nosotros los NO Perdonados?”
No quiero meterme en asuntos religiosos, solo
uso esta idea para ver que la mayoría de nuestros conflictos diarios, se pueden
resolver de diversas maneras, pensadas y menos emocionales: dialogue, escuche, de
la oportunidad que el otro diga lo que pasó, dimensione realmente lo que pasó,
perdone, olvide, limpie y dele a la vida una segunda oportunidad. Por cierto,
¿sabe en este momento para quien es la otra oportunidad?

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