Es innegable la relación que existe entre mente, cuerpo y realidad. Esto es una verdad irrefutable y no podemos escapar de ella. La relación que existe entre estos tres aspectos de la vida es misteriosa en principio, más cuando entendemos sus secretos, podemos usarla para nuestro beneficio o nuestra perdición si así elegimos. Que este párrafo sirva cómo introducción a lo que quiero compartirles el día de hoy. Bienvenidos
Hace unos días tenía
programado un viaje corto. El trayecto es simple y fácil de hacer en auto y no me
costaría mucho hacerlo… de hecho con cierta regularidad hago el mismo viaje y
siempre es exitoso. Valga decir que por esos días estaba lloviendo mucho acá y
la carretera se pone un poco difícil, sin embargo, no colocaba riesgos
adicionales para hacer dicho viaje.
Sucedió entonces que el día
anterior al viaje un pensamiento cruzó mi mente y se clavo cómo una espina en
mi interior. El pensamiento fue el siguiente:
-Seguro que mañana
va a amanecer lloviendo y me va a dar mucha dificultad hacer este viaje.
Me fui a dormir y ese pensamiento
siguió rondando mi cabeza y llenó por completo mi sueño. “Si amanece lloviendo,
me va a ir mal”, repetía una y otra vez mi cabeza.
Al día siguiente, efectivamente
amaneció lloviendo e igual tenía que hacer dicho viaje. Salí con uno de los
aguaceros más fuertes de esos días y, tal como lo decreté desde el día
anterior, me fue mal. No tan mal cómo quizá lo estén imaginando, pero el resultado
no fue el de siempre que hacía este recorrido. Llenarles de detalles de lo que
pasó, no es el fin que persigo el día de hoy; lo importante de este día es lo
que me dejó de enseñanza este suceso. Y es la siguiente.
Que importante es cuidar al máximo
la calidad de nuestros pensamientos, de nuestras palabras, de lo que nos
decimos a cada minuto porqué, así como somos capaces de crear realidades negativas
como esa, en la cual desde el día anterior había decretado que me iría
mal si amanecía lloviendo, pude haber decretado lo contrario y decir:
“Aún cuando
amanezca lloviendo, todo va a salir bien”
La circunstancia de llover o
no estaba fuera de todo mi alcance. No controlo el clima, más si controlo lo
que puedo hacer con eso y no predisponer mi mente y encaminar mis resultados al
fracaso. Si hubiera tenido unos pensamientos diferentes, si hubiera alimentado
mi menta con otras realidades, el resultado habría sido exitoso. En el camino
habría podido tomar otras decisiones y obtener lo que esperaba, que todo
saliera bien; sin embargo, desde el día anterior había decidido lo contrario. Y
eso fue lo que obtuve.
Debemos entonces proponernos
cosas positivas y decretar triunfos y éxitos para nosotros y para quienes nos
rodean. Cuidar al máximo los pensamientos, las formas, las palabras que decimos
y las acciones que ejecutamos para que los resultados que obtenemos sean los
esperados. ¡Y nadie espera que le vaya mal!, todos queremos que nos vaya bien y
debemos estar en sintonía, que nuestras palabras sean pulcras, que ninguna
palabra vaya en contravía de nuestros deseos de éxito. En el libro “Los cuatro
acuerdos”, nos enseñan a honrar nuestras palabras, a ser pulcros en nuestro
hablar, a ser efectivos al momento de comunicar a otros y sobre todo al comunicarnos
con nosotros mismos.
El secreto del éxito está en el
cuidado de nuestra relación con el entorno que nos rodea y con nuestro ser interior.
Seamos pulcros en nuestro hablar: así podremos modificar el futuro y hacerlo
siempre a nuestro favor.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario