Me sorprendo a mi mismo pasando horas, mañanas tardes enteras viendo videos de Kwai, TikTok o Instagram.
Es curioso cómo estas redes sociales tienen el encanto para hacer que no quieras despegarte de ellas. Un video es mejor que el anterior, cada foto es más nítida que su predecesora y la expectativa por el siguiente post, es cada vez más alta. Parece que estas inteligencias artificiales nos conocieran mejor de lo que nosotros nos conocemos. Saben que queremos, saben que no queremos y siempre nos preguntan: ¿Que contenido quieres ver?
En las redes sociales creemos encontrar el escape perfecto para nuestro día a día. Vivo en un pequeño pueblo al sur de Medellín, llamado Caldas. En metro son 30 desde mi lugar de trabajo. Siempre que usaba el metro, hacía lo mismo: tomaba mi teléfono y me sumergía en el:
Leía las noticias, en Twitter
Veía los últimos acontecimientos en YouTube
Iba a Instagram a conocer paisajes exuberantes, personas famosas viviendo su vida, supermodelos...
Le daba "Me Gusta" a las fotos de mis 'amigos' en Facebook
Aprendía bailes en Tiktok o ver la Telenovela de Kwai...
Eso para mi era lo real
Un día, decidí levantar mi cabeza, saqué mis ojos de la pantalla de 6.67" de mi teléfono y vi la realidad (la real)
En un vagón del metro de caben alrededor de 300 personas, a full. Siendo modestos en los cálculos, a la hora que uso el sistema, en un vagón pueden haber 100-120 personas. Y saben que estábamos haciendo casi todos en esos momentos:
Leer las noticias en Twitter
Ver los últimos acontecimientos en YouTube
Ir a Instagram a conocer paisajes exuberantes, personas famosas viviendo su vida, supermodelos...
Dar "Me Gusta" a las fotos de sus 'amigos' en Facebook
Aprender bailes en Tiktok o la Telenovela de Kwai...
¡Todos estábamos haciendo lo mismo!
"En las redes sociales creemos encontrar el escape perfecto para nuestro día a día"
Y empecé a pensar: ¿Que estoy haciendo viviendo la vida de otros? ¿Cuanta dificultad se nos está haciendo vivir nuestra propia vida?
Nos volvimos expertos en ver la vida pasar. Anhelamos el cuerpo perfecto, la casa perfecta, las vacaciones perfectas. Imitamos las poses de los famosos en Instagram, nos asombramos de la calidad de los videos de YouTube, aprendemos a bailar como en Tiktok y somos expertos en relacionarnos por WhatsApp: el mundo ha cambiado tanto que, ahora mismo es más delicado no contestar los mensajes de WhatsApp (o guasá, como le llamo de cariño), que una llamada telefónica, de las normalitas, de las de toda la vida. Y peor aún si dejas "en Visto" Y ni que decir de la cantidad de grupos en que te meten, muchas veces sin querer.
Para ir dejando en paz a guasá, me parece muy curioso lo siguiente y de seguro, a muchos les ha pasado. Antes de seguir quiero dar una opinión personal: pido disculpas porque también lo he hecho. Aquí vamos:
Un mensaje de guasá de más de 30 segundos, ya merece de una llamada (gástele el minuto)
Lo curioso que me parece a mi es que las personas prefieren enviarse audios de minutos enteros y se pasan en esa dinámica conversaciones enteras. Acá me surge una pregunta: ¿Es más fácil llevar una conversación inconexa, a punta de mensajes espaciados, sin oportunidad de interacción en el momento, que una conversación normal (así sea por teléfono), que tenga un hilo conductor sobre lo conversado? !Conozco personas que pelean por WhatsApp!
Cuando caí en cuenta de esta "Realidad" decidí tomar cartas en el asunto. Ahora no piensen que corte mis redes por completo (¡!), solo que les cambié el enfoque
Lo primero que hice fue una "limpieza social" de mis redes: dejé de seguir personas que no conozco o que de plano no me aportan nada. Dejé luego de seguir tendencias dañinas, Hashtags de odio o discriminación burla o desprecio por otros, deje de querer bailar con el último audio de moda y dejé de ver la telenovela de Kwai (pero es que son tan deliciosas, con sus malos actores y pobres locaciones que...)
No es fácil: el monstruo se resiste a perder: eventualmente me publicita lugares espectaculares y me invita a conocerlos, con tarifas rebajadas y ofertas de último minuto (y pague con su tarjeta de crédito a 12 meses sin intereses). Me envía la última foto más sensual de la modelo de turno por Instagram y YouTube el último video con la opinión política de mi preferencia, don de me está diciendo: Estás en lo correcto, los demás no. Twitter me pone de manifiesto tendencias que son reales (Claro, cómo no, 40000 personas están hablando de lo mismo, debe ser real)
"...es cuestión de preguntarse: "¿Esto es real?" Antes de compartirlo, para no correr el riesgo de ser multiplicadores de mentiras o verdades a medias"
Luego de eso, empecé por definir que me gusta y que no. Y a eso empecé a apuntarle, a buscar dichas cosas que si me interesan y no lo que me publicitan. Empecé a desechar todo aquello que no me aporta o que me puede hacer pasar por real una tendencia que en muchas ocasiones, son pagadas o creadas por inteligencias artificiales (el tema es buenísimo e interesante). Me suscribí a canales de Audiolibros, canales que me aporten algo, que me enseñen algo: decidí educar al algoritmo (y sacar a las Kardashians de mis redes sociales)
El siguiente paso lo estoy dando ahora mismo: trato desde mi posición de aportar algo diferente. En la red social que más interactúo es en Kwai. Allí tengo un pequeño grupo de seguidores que me he ganado a punta de hacer videos de coaching. Mi hija mayor, que tiene un resto de seguidores en TikTok me dice: "Papá, tienes muchos seguidores en una red social que está hecha para otras cosas menos para educarse" ¡Wow!
Con todo esto quiero invitarte entonces a hacer uno uso responsable de las redes sociales. No es dejarlas de usar. Es usarlas bien, buscar aprender cosas nuevas, afianzar tus conocimientos de algo. No es creer ciegamente lo que dicen las cadenas de WhatsApp o los post de Facebook: es cuestión de preguntarse: "¿Esto es real?" Antes de compartirlo, para no correr el riesgo de ser multiplicadores de mentiras o de verdades a medias
Te invito, te hago un llamado sincero a que hagas parte de esta revolución: si sabes hacer algo y es o crees que puede ser valioso, compártelo con el mundo. Súbete al tren de esta revolución tecnológica creando contenido. No mires más la vida de otros, crea tu vida. Descubre lugares tu mismo, conoce personas (en persona), lee libros, conversa y compártenos que aprendiste: todas las personas del mundo tienen algo que enseñar; esto no es de tener o no educación o títulos universitarios. Te lo repito:
todas las personas del mundo tienen algo que enseñar
Una de mis películas favoritas es "Bruce Almighty", acá llamada "Todopoderoso", con Jim Carrey. En los minutos finales de la película, se ve a Bruce (Jim Carrey) hablando con Dios (Morgan Freeman), el dialogo es corto, pero profundo (acá en el post dejo el enlace). La conclusión de ese diálogo, que voy a usar cómo final de este post es
"Se el Milagro"
https://www.youtube.com/watch?v=8lSgxB0MJZY
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